
Desde la primera infancia, se había sentido en su corazón una atracción especial hacia el convento de las Carmelitas. Esta inclinación se hizo aún más pronunciada, mientras estudiaba la vida y las cartas de San Juan de la Cruz. En algún lugar de sus escritos, dio expresión a la idea: "El más pequeño movimiento de puro amor es más útil a la Iglesia que todas las obras conjuntas." El amor puro no le permitía tener en cuenta su propio beneficio, sino que apuntan directamente a la mayor honra y gloria de Dios. En consecuencia, la más de sus propias pasiones que ella podía renunciar, y cuanto menos se hizo apegado a las cosas de este mundo, la más perfecta sería ella capaz de satisfacer la llamada súplica de Cristo en la Cruz: "Tengo sed".
Rev. Albert M. Hutting (La vida de la pequeña flor)
Rev. Albert M. Hutting (La vida de la pequeña flor)